
Hace unos días, el magazine "El Mundo del gato", fundado en 1993, publicaba su último número en formato papel, el 100, haciendo honor a una de las razas felinas más hermosas y admirables que existen: el Maine Coon.
Mi primera -¡y agradable!- sorpresa ha sido comprobar que una foto de Canción de Cuna Ivanka ocupa la portada de la revista!!
Se trata de una foto de cuando Ivanka contaba con apenas dos meses de edad, y es que nuestra peque ya apuntaba maneras...
Cuando he llegado a la página 34, me he quedado de piedra: una foto de Canción de Cuna Nonaino ocupando dos páginas completas abre un interesante artículo sobre el Maine Coon redactado por Patricia Lozano:
Un poco más adelante, en la página 42, se encuentra una foto de Canción de Cuna Soleá (fondo lila)...
...y un poco más adelante, en la página 45, dos fotos más de nuestros gatos, una de Tango (Honey Hill's Ami Ink) y Canción de Cuna Sarandonga:
A la vuelta de la hoja, se encuentra una foto de otro Canción de Cuna, en esta ocasión Canción de Cuna Inca:
Y finalmente, en la página 48, un primer plano de Canción de Cuna Ivanka ya más "crecidita" 
Además de solicitarnos material fotográfico, la dirección de la revista me pidió que redactara un artículo donde explicara los motivos que me impulsaron a criar esta raza. Decidí titularlo "LAS APARIENCIAS ENGAÑAN" , os lo copio a continuación:
Debo reconocer que, al principio, no me llamaron demasiado la atención. Admitía, claro está, que su presencia era majestuosa y su porte, elegante (¿cómo negarlo?), pero, al no conocer su carácter, se me antojaba una raza demasiado “salvaje” para convivir con ella.
¡Qué ilusa! El refrán “Las apariencias engañan” se cumple en el Maine Coon con todas las letras. Con la excusa de nuestro primer aniversario de boda, mi marido –un enamorado incondicional de estos gatos desde la primera vez que los vio- trajo a nuestro hogar a la responsable de que mis prejuicios se desmoronaran como un castillo de naipes, mi primera Maine Coon, que en tan sólo un par de días, con su carácter jovial, divertido y amable, los derrumbó todos de un soplido.Y hasta hoy. Jamás he vuelto a ser la misma que era, sencillamente porque ahora, después de ocho años conviviendo con ellos (porque sí, enganchan, y una vez que entra uno en tu vida, los demás se hacen estrictamente necesarios), sería incapaz de despertar sin que sus morritos me aguardaran nada más abrir los ojos, sin que sus enormes zarpas me pidieran atención constantemente.
Si he de ser sincera, no creo que exista un gato más apegado a su dueño que el Maine Coon. La vida es a veces difícil y cuesta entenderla, pero las cosas se ven de otro modo teniéndolos a ellos junto a mí. El Maine Coon te transmite con su mirada una paz indescriptible, como si te dijera: “No te preocupes, amiga, no importa lo que nos rodee, no te inquietes demasiado, pase lo que pase yo siempre voy a estar aquí”.
Y os aseguro que están. Todos los que tenemos un Maine Coon lo sabemos: jamás te abandonan. ¡Yo diría incluso que violan tu intimidad! Si vas al baño, no puedes cerrar la puerta y dejarlos fuera: ellos tienen que entrar contigo. Si vas a la cocina, no puedes cerrar la puerta y dejarlos fuera: también tienen que entrar contigo. Si vas a dormir, y cierras la puerta, ellos ya se encargan de “llamar” insistentemente durante toda la noche hasta que vuelvas a abrirla. ¿Acaso olvidaste que tienen que dormir contigo?
Su presencia no es lo único que te acompaña en el día a día. Estos gatos también son tremendamente charlatanes, emiten muchos y muy diversos sonidos que varían en función de lo que pretendan comunicar: pedir comida, caricias, juegos, dar los buenos días… También maúllan de forma lastimera cuando no estoy en casa, como cuando un bebé que no ve a su madre llora desconsolado, buscándola… aunque esto no lo he oído, claro, ¡me lo han contado mis vecinos! Por eso, cuando estoy lejos, sé que yo no soy la única que los está echando de menos… ellos también me extrañan a mí.
Esta especie de “simbiosis humano-felina” que se crea entre el Maine Coon y su compañero humano es una de las cosas que los hace ser tan especiales. Pero además de su magnífico carácter, su fisionomía es simplemente espectacular.
Nadie que tiene la oportunidad de ver un Maine Coon en persona se queda indiferente. Su porte dominante, su graciosa forma de caminar con el rabo orgullosamente en alto, su mirada penetrante, los hermosos pinceles que prolongan sus orejas casi al infinito, su morro contundente, esa pisada rotunda, y un precioso manto de múltiples colores (desde los clásicos black tabby a los plateados silver, los enigmáticos negros, los majestuosos humos, las siempre originales tortugas, los intensos rojos, los dulces cremas o los imponentes azules, todos con sus correspondientes variedades) hacen del Maine Coon un gato extraordinario.
Y es precisamente el radical contraste entre su misteriosa apariencia de felino salvaje y su maravilloso y entrañable carácter lo que hizo que llegara a amar tan profundamente a este gato mágico.
También conocido como el “Gigante Americano” o el “Gigante Gentil”, lo grande de este felino no es solamente su cuerpo, sino -y sobre todo- su corazón. Hay cosas que pueden obviarse o de las que se puede prescindir, pero nadie que tenga la oportunidad de convivir con uno de ellos debería dejarla escapar. Gracias a mi marido, ellos se cruzaron en mi camino hace ocho años, y todavía hoy no pasa ni un solo día sin que bendiga la suerte de compartir mi vida con estos fascinantes gatos.
Además de colaborar en la "raza de portada", también enviamos varias fotos de nuestros British, gatos que ocuparían el "perfil felino" de este número. Tres fueron las fotos seleccionadas:
Canción de Cuna Jipy:
GIC Lord Parsifal Augustin Blue v.Wernerwald, DVM de Canción de Cuna:
Y finalmente, Emily van Brifety de Canción de Cuna:
Estamos muy orgullosos de que El Mundo del Gato haya considerado que tantos peques de nuestra casa sean dignos de representar a estas dos razas felinas en su revista. ¡Gracias! 